Siempre quise conocer el Oeste norteamericano, siempre.
Y ese momento había llegado.
Llegué a Sedona un hermoso día soleado de primavera y con mis dos hijas adolescentes.
En cuanto me encontré en esa calle que miraba hacia las famosas rocas rojas que se ven en las antiguas películas de cow boy, pensé que había viajado al pasado y que el Lejano Oeste de esas películas de mi infancia, me tenía guardada algunas sorpresas. No me equivoqué.
Sedona es una hermosa y pequeña ciudad cuyos alrededores han sido el escenario de las producciones de Hollywood desde los primeros años del cine hasta la década del setenta. La pequeña ciudad presenta un entorno perfecto para las peliculas de western, con esas paredes de piedra de distintas formas y ese paisaje tan particular para ambientar las historias de "indios", sherifs, cow boys y pistoleros.
Es un típico pueblo del lejano oeste, en una zona elevada de Arizona, que ofrece un hermoso y pintoresco paisaje y aún hoy en sus calles se ve a los lugareños vestidos con el sombrero Stetson y la cartuchera con el colt 45.
Y ese momento había llegado.
Llegué a Sedona un hermoso día soleado de primavera y con mis dos hijas adolescentes.
En cuanto me encontré en esa calle que miraba hacia las famosas rocas rojas que se ven en las antiguas películas de cow boy, pensé que había viajado al pasado y que el Lejano Oeste de esas películas de mi infancia, me tenía guardada algunas sorpresas. No me equivoqué.
Sedona es una hermosa y pequeña ciudad cuyos alrededores han sido el escenario de las producciones de Hollywood desde los primeros años del cine hasta la década del setenta. La pequeña ciudad presenta un entorno perfecto para las peliculas de western, con esas paredes de piedra de distintas formas y ese paisaje tan particular para ambientar las historias de "indios", sherifs, cow boys y pistoleros.
Es un típico pueblo del lejano oeste, en una zona elevada de Arizona, que ofrece un hermoso y pintoresco paisaje y aún hoy en sus calles se ve a los lugareños vestidos con el sombrero Stetson y la cartuchera con el colt 45.
También hay varios comercios de artesanías propias de la región, armas de todo tipo y réplicas de revólveres antiguos especialmente los Colt.
En cuanto llegamos recorrimos las calles con tiempo suficiente como para admirar las hermosas artesanías de los indios Hopi, los nativos del lugar y recorrer los comercios de venta de armas y golosinas.
En la vidriera de unos de esos comercios había una rèplica de un revolver Colt antiguo.
Con la intención de comprarlo para usarlo en casa como adorno, inicié una conversación con el vendedor. Yo le preguntaba en español y usando el lenguaje universal de señas y el vendedor me contestaba en inglés hacièndose entender. Como el precio era razonable, decidì comprar la hermosa réplica del revolver que usaba Wyatt Earp, el famoso y legendario Sheriff de Dogde City, el pistolero más rápido del oeste.
Feliz con mi compra, guardé el revólver en mi bolso de lona verde junto a los otros souvenirs del Far West y continuamos el recorrido hacia el Cañón del Colorado.
Recorrimos buena parte del oeste norteamericano, la ciudad de San Francisco, la costa del Pacífico, Los Angeles y después de tres semanas, como todo tiene su fin, llegó el momento de volver a
casa.
Al iniciar el regreso, en
el aeropuerto de Los Angeles, llevaba mi bolso verde colgado del
hombro, con todas las chucherías acumuladas en los días de viaje. Confiadamente nos
acercamos a los controles de seguridad y de pronto comenzaron a
sonar todas las alarmas que existian a nuestro alrededor.
La sorpresa que me había reservado Sedona estaba comenzando a suceder y al recordarlo me asombra que no haya sido peor.
La sorpresa que me había reservado Sedona estaba comenzando a suceder y al recordarlo me asombra que no haya sido peor.
Como decía, comenzaron a sonar las alarmas y en
menos de un segundo me encontré rodeada de varios policías que gritaban todos juntos en
ese idioma incomprensible para mi y me apuntaban con sus revólveres
que eran verdaderos.
En menos de un instante recordé el revólver de Wyatt Earp que llevaba en el bolso.
Y
en menos de la mitad de ese instante recordé como se dice juguete
en inglés.
-Is
a toy, is a toy, grité desesperada.
Mis hijas se desternillaban de risa, a varios metros de distancia de la espectacular escena donde su pobre madre, yo, era la actriz principal.
Mis ingratas herederas, que hablan un inglés excelente, no me brindaron ni un
poco de ayuda, hasta que dejaron de carcajearse varios minutos después.
Gracias a la traducción que hicieron mis adorables niñas cuando dejaron de reirse, entendí que me ordenaban extraer de mi enorme bolso verde y empleando sólo dos dedos, el revolver de Wyatt Earp sin moverme ni un centímetro.
Obedecí al instante y entregué el “peligroso revólver de juguete” al guardia más próximo que me apuntaba con su arma verdadera.
Luego se acercó un agente mujer hablando español y me explicó con cara adusta que estaba terminantemente prohibido llevar armas, de cualquier tipo, aún de juguete, en el equipaje de mano, que me tendrían que llevar detenida y bla bla bla, pero que no lo harían por mi ignorancia, que les agradeciera a ellos que todo quedara así y bla bla bla bla.
Mientras la agente me acompañaba a una habitación donde debía permanecer hasta que embarcara en el avión camino a mi país sudamericano lleno de ignorantes de las mínimas reglas de seguridad y bla bla bla.
Lògicamente les obedecí. Permanecí en esa habitación del aeropuerto hasta que me acompañaron a bordo del avión que me trajo de regreso a mi país.
Si quieren saber que pasó con la copia del revolver del sheriff de Dodge City y Marshal de Tombstone, el comisario más rápido y famoso del oeste Wyatt Earp, fue guardada por los agentes del órden de California en una caja de cartón y despachada en la bodega del avión por el personal del aeropuerto, como corresponde y acorde a las leyes del país del norte.
Llegó sin novedad a Ezeiza donde me la entregaron junto al resto de mi equipaje.
El Colt de Wyatt Earp está adornando la mesita del living de mi casa.
Todo esto ocurrió en julio de 2001.
Si esta historia hubiera ocurrido después del atentado a las torres gemelas (el 11 de septiembre de 2001), es probable que el desenlace de la historia sería otro muy distinto.
Si esta historia hubiera ocurrido después del atentado a las torres gemelas (el 11 de septiembre de 2001), es probable que el desenlace de la historia sería otro muy distinto.