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los lugares que tuve la suerte de conocer y los que conoceré algún día.

lunes, 1 de abril de 2013

El Museo Británico y los ingleses, esos corsarios infatigables.


La Piedra de Rosetta

Los que me conocen saben que después de mi familia, mi pasión es viajar. Y también saben que no me simpatizan los ingleses, por varias razones, porque traficaron con esclavos, porque fueron piratas, porque robaron  para la corona, porque invadian paìses y  tenían colonias, porque saqueaban los recursos de los territorios que ocupaban y principalmente, porque nos robaron las Malvinas.

Por estas razones que son de peso para mi, no tenía interés en conocer Londres.
 Pero mis compañeros de viaje, mis hijos y mi marido, querían conocer la capital de Inglaterra y por ello incluí Londres en nuestro recorrido.

En Paris subimos al Tren Euroestar que por Calois y atravesando el fondo del Canal de la Mancha llega a Londres. Ni nos dimos cuenta que viajábamos por debajo del mar en un tren de alta velocidad. Los ingleses con toda amabilidad, buenas intenciones y cortesía hacia los franceses, bautizaron la estación de llegada del tren con el nombre Waterloo. Ellos son así de corteses!

De Waterloo fuimos al hotel en la ribera del Támesis.
Luego, todo Londres a nuestra disposición: La torre de Londres, la Abadía y el Palacio de Westminster, el palacio de Buckingham, el castillo de Windsor, Piccadilly Circus, Hyde Park. Los museos: el de Historia Natural, el Victoria and Albert Museum, el Museo Británico.

Ahh ! El Museo Británico. Es un señor Museo: uno de los más importantes de todo el mundo. 
Sus antigüedades fueron hurtadas de diferentes países.
el museo se originó en la colección privada de un médico y naturista inglés: Sir Hans Sloane, que en su testamento donaba al gobierno inglés, 80.000 objetos. 
La colección constaba de 40.000 libros, 7.000 manuscritos, obras de Durero, una colección de ciencias naturales y medicina, y antigüedades traidas de Egipto, Grecia, Roma, Oriente Medio, Extremo Oriente, y América. 
Como las adquirió Sir Hans Slooane no se sabe -aunque se supone que fueron ilegalmente obtenidas. El gobierno inglés más tarde completó esta colección con otras adquisiciones generalmente compulsivas y con oposicion de sus verdaderos dueños.

La mayoría de los objetos que se exhiben en el museo, provienen de los botines de campaña de las acciones militares de Inglaterra, otros fueron robados de las colonias o hurtados a aquellos los que les robaron a sus colonias.

Uno de los guías del museo, con total falta de vergüenza comentó, “si quieren conocer el Partenón, vayan a la sala dedicada a Grecia”, tenía razón, una parte importante de la Acrópolis de Atenas se encuentra en esa sala.

Se exponen esculturas griegas y romanas, innumerables obras del arte egipcio, sarcófagos, momias, armaduras medievales, arte prehistórico, monedas, armas, colecciones de piedras preciosas aztecas y mayas, porcelanas sumerias, figuras funerarias chinas, etc, etc, estas obras hacen un total de más de siete millones de objetos, mas un sinnúmero de obras ocultas en el subsuelo.

Maravillada con los objetos del museo pero indignada por su procedencia, folleto en mano, comencé a buscar la Piedra de Rosetta.

La Piedra de Rosetta es una piedra de basalto negro que encontraron los soldados franceses de la expedición de Napoleón a Egipto en 1799. Esta piedra permitió descifrar los jeroglíficos, hecho fundamental que permitiò conocer la cultura egipcia.

La piedra fue esculpida en el 196 a C y contiene un mismo texto en tres idiomas distintos: griego, jeroglífico y demótico (la escritura egipcia nativa popular). Las inscripciones en griego permitieron a los científicos descifrar los jeroglíficos. La piedra pasó a manos inglesas cuando Napoleón pierde el poder en Francia.

Un objeto  tan importante tenía que  estar en un  lugar preferencial del Museo, pero no se aludía a ella en los folletos y los empleados no sabían donde se guardaba la famosa piedra.

Por fin recorriendo el subsuelo en forma casual, veo la vitrina que contiene la Piedra  arrumbada en un rincón oscuro del salón. Casi nadie le prestaba atención a pesar de lo que representò su hallazgo para el conocimiento de la historia egipcia.

Ya de regreso en Buenos Aires,  veo en el periódico que para conmemorar el aniversario de su hallazgo, la sacaron de su ostracismo y la trasladaron a un lugar central del Museo. Hubiera sido fantástico que para conmemorar ese aniversario, los ingleses devolvieran la invaluable Piedra de Rosetta a sus auténticos dueños, los egipcios, que hace décadas que la reclaman incansablemente, sin resultado.




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