Si vas a San Francisco tenes que entrar a la ciudad por el puente Golden Gate, al atardecer, cuando todavía la bahía de San Francisco está iluminada por la luz del sol que está cayendo, pero está lo suficientemente oscuro como para que la ciudad prenda las luces. Es imperdible.
Y si vas a San Francisco no podes dejar de visitar China Tawn cuando los puestos de venta están abiertos, North Beach, Grant Street, Haight-Ashbury, y Fisherman's Wharf, en la Bahía, que ofrece cientos de leones marinos, souvenirs baratos y, docenas de sitios dónde comer. Tenes que subir al tranvía que recorre las calles empedradas y empinadas, ir al puerto para comer pescado frito servido en un cucurucho de papel, tomar un barco hasta Alcatraz y visitar la Plaza Alamo, la zona más cinematográfica de todas.
Y si vas a San Francisco lo que no podés dejar de hacer es cruzar el Golden Gate caminando. No sirve que lo cruces en autobús o automóvil. Tiene que ser caminando.
La ciudad fundada en 1776 por un fraile español y desarrollada gracias a la fiebre del oro, es especial y particular. Eso lo comprendes al cruzar el puente Golden Gate caminando. Son 2,7 km de largo en un puente colgante sobre la Bahía, que tiene tal cantidad de cables de acero que, dicen, pueden dar la vuelta a la tierra tres veces con ellos.
El Golden gate Bridge (Puente de la Puerta Dorada) colgado a 230 metros de altura ofrece una vista impresionante y tiene recovecos donde podes detenerte para admirar la ciudad, sentir como se mece el suelo y dejarte atrapar por el viento que sopla inmisericorde.
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